jueves, mayo 04, 2006

Son 10.000

Hoy alcanzaremos las 10.000 visitas. Parece que fue ayer cuando os daba las gracias por las 5.000 y mira donde estamos ahora.

Dejo este post para que las personas que han creado un blog y yo no he citado (me consta que hay muchos) lo cuelguen en los comentarios.
Y recomiendo otro blog, el del chico que veía BBM en la matrícula de los camiones y se chocaba con ellos, mi vecino, la primera persona que conoció a elputojacktwist sin saber que lo era.
Este blog promete (todo él promete).
http://madjavi.blogspot.com/

Por otra parte, este sigue siendo el blog que más visitas lleva a 2manzanas. Gracias otra vez. Y si teníais un motivo para visitar esa estupenda página, ahora teneis dos: Amuitz.

GRACIAS GRACIAS GRACIAS

16 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¿COMO ME ATREVO A HABLARTE A TI PUTOJACKTWIST?
¿Cómo es posible que existas en Madrid, donde cada día me cruzo con cientos de contables gris (oscuro)?
¿Cómo no te he reconocido? Solo espero que sea porque nuestros caminos no se han cruzado por debajo de la línea del arcoiris… No sé si me alegro de haberte encontrado aquí arriba. Solo contribuyes con tus palabras a mantener mi desasosiego. Ese que no me deja desde el día que entré en la sala de un cine y quedé transida de amor con BBM.
¿COMO ME HE ATREVIDO A DIRIGIRME A TI CON PALABRAS DE ESTE MUNDO, SIN VERSO?

4/5/06 13:57  
Anonymous Jack Twist the Magnificent said...

Pagaría 10.000 euros de sumo agrado sólo por volver a disfrutar tanto como me ha hecho vibrar este blog. Si nuestro puto Jack Twist (y no quiero caer en la verborrea aduladora fácil que cualquier visitante espontáneo podría colegir al leerme) se encarga de regalarnos el fruto de su creadora materia gris (pero sólo de nombre), l@s múltiples colaboradores, espontáneos o no, nos encargamos de aderezarlo un poco más con nuestros flujos, muchas veces, sentimentales, emanados de esa portentosa e inagotable fuente termal (geyser quizás sería más adecuado) de aguas en constante ebullición que es Brokeback Mountain, y cuya aplicación terapéutica se basa en la licuación de nuestros pensamientos más profundos (a algunos nos ayuda más que a otros, pues hay quien no necesita de estímulos para dejar fluir su vena poética o prosaica). Desde aquí dar mi enhorabuena al creador de este marco de encuentro que nos ha unido en nuestras visiones brokebackianas y desear que, igual que se alcanzaron las 5.000 visitas y ahora las 10.000, en un futuro bastante cercano se lleguen a las 20.000 y las que vengan (y lo podamos ver y disfrutar). Un abrazo a tod@s.

4/5/06 14:00  
Blogger elputojacktwist said...

La proxima vez mira a los ojos de los contables grises. Nos reconoceremos usuaria anónima.

¿has leido Plenilunio?
¿como reconocer a un asesino solo con mirarle a los ojos?

4/5/06 14:40  
Anonymous alvaro said...

Ennis
Llevaba puesto todo lo que tenía, incluidos los botos y el sombrero,
tan solo, guardaba una muda en una bolsa de papel
Había llegado hasta allí, aquel verano de sus 19 años,
en busca de su primer trabajo de pastor en las montañas de Brokeback.
En el futuro, cuidar ganado seguiría siendo su forma de ganarse la vida.
Mientras fumaba la colilla del cigarrillo anterior,
se apoyaba en la pared del polvoriento remolque de madera
que hacía de oficina.
Pensaba en que se casaría con la chica que le gustaba y que tendrían hijos.
También sabía, aunque no lo pensara que, probablemente,
al cabo de unos años se habría convertido, en otro de tantos,
un vaquero embrutecido, alcohólico y violento.
Sin embargo esto último no iba a ocurrir porque,
al tiempo que estos pensamientos cruzaban por su cabeza, frente a el,
de una ruidosa y vieja camioneta pick up, descendía un joven que,
le miró con una expresiva y mal disimulada curiosidad
hasta hacerle bajar la cabeza, en parte azorado y en parte
porque sus ojos claros soportaban mal aquella intensa luz.
No pudo darse cuenta de que aquel joven seguía observándole,
mientras se afeitaba viéndose en el espejo retrovisor,
de no haber sido así, la punzada que sintió,
en el momento que cruzaron sus miradas,
se hubiera tornado un nerviosismo difícil de ocultar en su timidez.
Así se conocieron, cuando más jóvenes y solos se sentían,
y ese encuentro les confundiría y les haría distintos, muy a su pesar,
el resto de sus vidas.
Aquel era un trabajo duro, incluso para su juventud,
y eso que la vida nunca les había regalado nada.
La abrupta y a un tiempo bella naturaleza
por la que cabalgaban juntos durante todo el día,
dejando pacer a las ovejas hasta el atardecer,
hacía que sus cuerpos agradecieran aquellos ratos
en los que se sentaban ante la lumbre para comer,
las ya consabidas judías en conserva,
o para beber de la botella de güisqui que compartían.
Eran también los momentos de quejarse
de la mala vida que llevaban
y de contarse sus planes para los próximos meses.
Sus conversaciones resultaban breves, ya que,
ambos eran parcos en palabras y a estas seguían silencios que,
uno y otro, sabían respetar con la naturalidad
de los que están habituados a él.
Era en las noches de vigilia junto al rebaño
cuando la soledad se engrandecía,
a la vez que la luz de la luna empequeñecía
el espacio hasta las estrellas.
Sin embargo, algo iba a cambiar a partir de aquella noche,
en la que llegó malhumorado y herido,
tras haber sido descabalgado por el gruñido de un oso
que asusto a su caballo,
Ocurrió, cuando rechazó la ayuda de Jack,
que intentaba limpiarle la herida de la cara con su pañuelo,
y se dio cuenta, que por un instante, le miraba
con la expresión triste del que no comprende
la razón de su rechazo.
Nunca antes nadie le había mirado así:¡Queriéndole ver!;
Preguntándole: ¿Como te encuentras?;
Diciéndole: ¡Estoy aquí, contigo, confía en mi!
Claro que, él no había sido educado para aceptar
la ayuda de otro hombre,
Así que, aquella otra fría noche, estando borracho,
volvió a caer en sus firmes principios, y de nuevo rechazó
el ofrecimiento que le hizo su compañero de compartir la tienda.
Se tumbó junto al fuego, sin querer escuchar que,
cuando este se apagara, no iba a poder combatir el frío
con la escasa ropa que tenia encima.
Comenzaba a amanecer cuando, sus estertores,
por la tiritera que le atenazaba, despertaron a Jack.
Se despertó destemplado, con el fuerte dolor de cabeza,
propio de la resaca, y sin quererse acordar
de lo sucedido durante la noche. Sin embargo, fue su pantalón desabrochado y medio caído, el que se encargo de recordárselo, y exclamo para su adentro:
¡Que mierda!, ¿como he podido follarme a este?
Se subió el pantalón, se levantó como movido por un resorte y salió de la tienda.
Para su sorpresa no tenia ninguna sensación desagradable pero se sentía enojado y preso de una cierta vergüenza que le impulso a ensillar su caballo y a salir huyendo al galope, sin ni siquiera responder a Jack.
Durante todo el día no dejó de pensar en lo ocurrido, dándose por disculpa que, con sus necesidades sexuales, igual hubiera podido follarse a una oveja de haberla tenido a mano dentro de la tienda.
Pero, a medida que pasaban las horas, con la faena entre el rebaño, iba asumiendo lo sucedido a la par que aumentaba su confusión
Mas tarde, quiso dejar bien claro ante su compañero, que eso había pasado una sola vez y que no volvería a pasar porque él no era marica.
Ya anochecido, cuando se encontraba solo, abatido y melancólico ante el fuego, todo le pareció muy diferente. Por primera vez, pensó en Jack con afecto y le dolió su brusquedad y la urgencia que tuvo en satisfacer su deseo.
Entonces sintió la necesidad de dirigirse a la tienda y venciendo su timidez y sobre todo sus prejuicios,
se agachó hacia él y en un susurro le pidió que le perdonara.
El “tranquilo” que oyó a continuación fue lo mas dulce que había escuchado en toda su vida y aquella noche fue amado y amó como no sabía que pudiera hacerse
Abandonándose y entregándose sintió como si, todas sus angustias, soledades y tristezas se depositaran en la piel y desaparecieran al paso de las caricias, mientras su lugar, lo ocupaba, como el hierro a fuego con el que marcan a los caballos para toda su vida, la suave ternura de la mirada, la sonrisa, y el abrazo de Jack.
Los días que siguieron fueron como dos adolescentes disfrutando de su amor, con la naturalidad de los que no se sienten juzgados por ello.
A noches en las que sus cuerpos se entregaban con pasión,
les seguían amaneceres en los que les costaba salir de la tienda
para emprender una nueva jornada de trabajo.
Uno en concreto, cuando se disponía a montar para ir en busca del rebaño,
vio a Jack cabizbajo e inmóvil y le invadió un sentimiento especial
de protección y ternura como el de un hermano
hacia su hermano menor entristecido.
Se dirigió a él, por detrás le rodeo el pecho con su abrazo
y estrechándole le dijo: te vas ha quedar dormido de pié como los caballos.
Fue todo un gesto, teniendo en cuenta lo poco acostumbrado
que estaba a exteriorizar su afecto.
Jack, por el contrario, no reaccionó, como si de alguna manera
hubiera adivinado que aquel seria su ultimo abrazo,
el de la despedida a los irrepetibles días en Brokeback.
Poco tiempo después, el día de la partida, sucedía todo lo contrario.
se encontraba sentado en la hierba embargado por una tristeza tal,
que, ante la imposibilidad de poder cambiar el curso de las cosas,
se convertía en cólera y de ahí su reacción desproporcionada
de emprenderla a puñetazos cuando, bromeando y de manera cariñosa,
Jack le echo el lazo para aproximarse a él y abrazarle.
Cuando bajaban ya de vuelta, los dos llevaban en el rostro
las marcas de la pelea y en el alma, a fuego,
la huella de cada una de las horas que habían estado juntos.
Dejaban Brokeback para volver a una realidad que no les aceptaría
tal como habían vuelto: ¡Tal como eran!
Él lo asumió así desde ese mismo momento y ya no volvió
a mirar a Jack a los ojos y cuando se despidió de él, lo hizo de la forma
en la que supuestamente debían hacerlo los hombres auténticos.
Siempre había oído decir que, por aquellas tierras,
“los hombres no se tocaban ni para matarse”.
Hasta que no se hubo alejado la camioneta no fue del todo consciente
de que se habían despedido para siempre y fue entonces,
cuando de repente, sintió el vértigo de la sangre abandonando su cabeza
y golpeándole en la boca del estomago,
y se vio empujado hacia una pared tras la que ocultó su dolor
y contra la que vomitó su rabia.
A partir de ese momento, no hubo ni un solo día,
ni una sola hora de cada día, ni un solo minuto de cada hora de cada día,
en que no pensara en Jack. y aunque se casara y tuviera dos hijas
cada día estuvo mas seguro de que su verdadero amor había sido,
no un hombre, si no Jack, y únicamente a él continuaba amando y esperando.
Por ello, cuando recibió la postal proponiéndole un encuentro, no lo dudó,
porque para él no había pasado ni un solo minuto de los cuatro años transcurridos,
y cuando se reencontraron le abrazo y le beso
como debía haberlo hecho el día que se despidieron pero,
aquel día, aun no sabia cuanto le amaba porque todavía no había tenido que vivir sin él.
Después, en el motel como de nuevo en Brokeback, junto al río, tuvo que hacer de tripas corazón para poder decirle a Jack, que todo tendría que
seguir como hasta entonces: ¡Hay que aguantarse, hasta que aguantemos,
aquí no llevamos las riendas! Hasta tal punto, era un hombre comprometido con su familia y con la sociedad, aunque le fuera en ello la única posibilidad de ser feliz. Pensaba de buena fe que lo contrario sería
la destrucción de ambos.
Desde su reencuentro todos sus días giraron alrededor
de las espaciadas y clandestinas citas con Jack, a quien por otra parte siempre fue fiel pues no le cabía en la cabeza que pudieran
ser compatibles amor y correrías sexuales.
Ahora eso si, ni su separación, ni el que sus hijas se hicieran mayores, pudieron evitar que continuara viviendo al dictado
de su primario instinto de conservación.
En todos sus encuentros Jack le reprochaba su falta de interés por sus planes para que vivieran definitivamente juntos y, en el que sería el último, ya no pudo más y se derrumbo sollozando,
ante la evidencia de que Jack no se hubiera dado cuenta de que, durante esos quince años, todos y cada uno de sus pensamientos estuvieron dedicados a él y eso de alguna forma le había incapacitado para vivir su propia vida y solo vivió
en tanto en cuanto existía su amor.
Poco después, llegaría aquel fatídico día en el que le devolvieron su postal con el estampillado: FALLECIDO.
Como poder explicar lo que pudo ser ese instante
en el que el vacío más absoluto dejaba, sus pulmones sin aire,
sus arterias sin sangre y su cerebro sin oxigeno,
hasta no poder sostener el peso de su propio cuerpo;
Como poder conocer que imágenes y que palabras,
serían las primeras en llegar a su cabeza.
Que recuerdos se le vendrían encima
¡Aplastándole! ¡Empequeñeciéndole!
Como poder sentir su amargura cuando supo que había muerto
apaleado, solo, lejos….
Como poder vivir su sensación de ausencia, de abandono,
¡Su tristeza!
Como poder comprender su desolación, su desesperanza,
¡Su melancolía!
Como poder entender que aceptara seguir viviendo sino es porque, por haber sido amado por una persona tan excepcional, se sabía un ser privilegiado y ese sentimiento le bastaba para continuar su vida sin Jack.

Desde aquí, lo único que me permitiría proponeros es que hagamos todo lo posible para que,
esta historia nunca sea la nuestra

La mía con B.M.M. termina aquí.
Gracias a todos y especialmente a elputojack por este blog. alvarosino13hotmail.com

4/5/06 14:46  
Blogger Mar del Norte said...

ENHORABUENA!! PJT. Continúa escribiendo y manteniéndonos en vilo. Correrá la voz y... hasta dónde llegarás? Todos juntos lo veremos, seguro...

4/5/06 21:01  
Blogger Alejandro Vallarino said...

Ey Jack Puto Twist!
No se si en algun lugar han comentado este escrito, pero creo que merece ser recalcado:

Arturo Pérez-Reverte: 'Amor gay'



Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.

Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adolescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.

A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura. Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.

Saludos gente!



http://latierradelosconsuelos.blogspot.com/2006/04/sobre-brokeback-mountain.html

5/5/06 05:17  
Blogger Ana desde el Sur del Mundo said...

Llegué aquí siguiendo un rastro de un diario de mi país, estabas incluido en una nota de "Página 12" e hice clik y... un mundo nuevo se abrió ante mi.
De tu mano comencé y con tu empujón me "independicé", ahora cosecho amigos nuevos, me encuentran desde lejos y desde cerca.
Gracias Jack Fucking Twist!!!

5/5/06 05:31  
Blogger elputojacktwist said...

Para Alejandro:

conocía el texto, el hombre tiene buenas intenciones, aunque mi vida, a los casi 40 años, no se parece nada a eso que el describe: solo he notado apoyo y comprensión por todas partes.
¿habré tenido suerte?

5/5/06 08:26  
Anonymous Amuitz said...

Pues yo sí que he sentido durante mucho tiempo lo que describe Pérez-Reverte, exactamente así. Suerte que llega un momento en que superas muchos miedos y cuando ya eres cuarentón prefieres no recordar tanta amargura y, si puedes, ayudar a que nadie vuelva a pasar por ahí.

5/5/06 10:13  
Anonymous pon said...

Tantos golpes y vejaciones hay que ir superando en la vida; si eres homosexual, lesbiana, inmigrante, parado, mujer, pobre, zurdo; soñador, diferente, "deficiente", consciente, lúcido, inteligente; buena persona, sensible, gordo o delgado, guapo o feo.
Superar, superarse, cuánto dolor superamos todos. No somos tan distintos, el dolor de crecer y madurar nos une. Aquí ya somos más de diez mil.

5/5/06 13:58  
Blogger Alejandro Vallarino said...

Creo que tuviste suerte Putojacktwist.

Jack y Ennis existen. En un barrio de El Cairo, en algún pueblito de la Patagonia, en un suburbio de Pekin... Y en estos momentos la están pasando mal.

5/5/06 16:54  
Anonymous cristina said...

Bello, bello Arturo Perez Reverte y gracias alejandro vallarino por mostrarnóslo. A mi este hombre en versión novela no es santo de mi devoción pero como columnista cuando coge su mejor pluma me tiene rendida.
Este artículo me parece sencillamente maravilloso. Al igual que él, yo también soy una mirona y puedo asegurar que enfrente de mi también veo escenas de ese tipo y también no deja de asombrarme la serenidad y la brillante lucidez del que tanto desprecio y amargura ha recibido.¡Cuánto se aprende mirando!, también a querer más a los individuos de esta aldea.
¿Puedes decirnos, Alejandro, dónde puedo encontrar ese artículo?

Yo le pediría "al jefe" que lo arrastraría hasta Dos Manzanas, pero me parece que va a ser que no.

5/5/06 18:06  
Anonymous Anónimo said...

¿Alguien sabe que ha pasado con este blog?

http://www.lacoctelera.com/diariodebrokeback

7/5/06 11:19  
Blogger elputojacktwist said...

que sí, que llevais razón, es mi optimismo existencial: otra vez el puto jack twist

8/5/06 08:52  
Blogger elputojacktwist said...

y que no soporto al Reverte, lo siento, que prejuicios tengo.

8/5/06 12:22  
Anonymous Jack Twist the Magnificent said...

Comparto en su mayor parte los comentarios del puto Jack, quizás el señor Reverte lo ve demasiado negativo todo, no es que no haya rechazo pero este es directamente proporcional al caso que puedas hacer del desprecio de quien lo manifiesta, más que nada porque se desvanece de forma inversamente proporcional a la cercanía de quien lo hace patente; y, no sabría decir exactamente el porqué, pero siempre le he notado al Reverte un cierto aire de superioridad y autosuficiencia (tal vez un ligero engreimiento) que no me acaba de convencer.

10/5/06 08:33  

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